martes, 13 de abril de 2010

Monte Casino

Himno de España franquista

Canciones para despues de una Guerra





Guerra Civil

Las llamadas matanzas de Paracuellos fueron una serie de episodios de asesinato masivo organizados durante la Batalla de Madrid, en el transcurso de la Guerra Civil Española, y que llevaron a la muerte de varios miles de prisioneros considerados opuestos al bando republicano. Los hechos se desarrollaron en los parajes del arroyo de San José, en Paracuellos de Jarama, y en el soto de Aldovea, en el término municipal de Torrejón de Ardoz, ambos lugares cercanos a la ciudad de Madrid.
Las matanzas se realizaron aprovechando los traslados de presos de diversas cárceles madrileñas, conocidos popularmente como sacas, llevados a cabo entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, mientras se enfrentaban las tropas gubernamentales y franquistas por el control de la ciudad. Del total de 33 sacas de presos que tuvieron lugar en las fechas citadas, 23 de ellas terminaron en asesinatos: las de los días 7, 8, 9, 18, 24, 25, 26, 27, 28, 29 y 30 de noviembre y las del 1 y el 3 de diciembre. Entre el 10 y el 17 de noviembre no hubo extracción alguna, y desde el 4 de diciembre cesaron.
Los convoyes mencionados fueron desviados hacia los lugares del arroyo San José, en la vega del río Jarama, y a un caz o canal de irrigación fuera de uso, en la vega del río del Henares donde miles de prisioneros fueron asesinados. Entre ellos se encontraban militares que habían participado en la sublevación o que no se habían incorporado a la defensa de la República, falangistas, religiosos, militantes de la derecha, burgueses y otras personas que en su inmensa mayoría habían sido detenidas por ser simplemente consideradas como partidarias de la sublevación, y custodiadas sin amparo legal ni acusación formal.
Tras ser extraídos de las prisiones con listas elaboradas y notificaciones de traslado o libertad con membrete de la Dirección General de Seguridad y, en ocasiones, firmadas por Segundo Serrano Poncela, el delegado de Orden Público de la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, encabezada por Santiago Carrillo, y posteriormente fusilados de manera sumaria por milicias pertenecientes a las organizaciones obreras. Antes del 7 de noviembre ya habían tenido lugar algunas sacas, especialmente durante el mes de octubre, fruto del cambio de manos del control de las prisiones, que pasó de las de los funcionarios de prisiones a las de las milicias a raíz del asalto a la Cárcel Modelo, que tuvo lugar el 22 de agosto de 1936, si bien el número de asesinados fue mucho menor y carecieron del carácter sistemático y organizado que tuvieron las de noviembre y diciembre.
La matanzas de Paracuellos son consideradas las de mayor dimensión que tuvieron lugar en la retaguardia de la zona republicana. El número de asesinados ascendió a varios miles, entre 2.000 y 5.000, si bien la cifra exacta sigue siendo objeto de discrepancia y controversia. También son objeto de enconadas discusiones aspectos como quién dio la orden de ejecutar a los evacuados de las cárceles, por qué unas sacas terminaron en asesinatos masivos en tanto que en otras los prisioneros llegaban sanos y salvos a su destino y, en definitiva, las responsabilidades directas e indirectas de los fusilamientos

Lerroux

Alejandro Lerroux fue Presidente del Gobierno durante la II República. Su tiempo en la presidencia fue fugaz en gran parte debido al escándalo del estraperlo.
La palabra estraperlo que hoy en día es sinónimo de mercado negro y asunto turbio es fruto del acoplamiento de los apellidos de un tal Strauss empresario de juegos de azar y de su socio capitalista Perle. Ambos habían ideado un juego de azar basado en una especie de ruleta y pretendían introducirlo por Europa.
El juego era una especie de ruleta donde la bolita pasaba por un número y si el jugador era rápido de reflejos, podía hacer calculo mental y adivinar en que número iba a detenerse. Pero cuando el ambiente se caldeaba y las apuestas eran grandes, los cálculos fallaban. La máquina ya había sido prohibida en Holanda. Los dos socios se trasladaron a Madrid para conseguir los permisos en España para ponerla en funcionamiento.
Acudieron al hijo de D. Alejandro Lerroux al que regalaron dos relojes de lujo uno para su padre y otro para el Ministro de la Gobernación, no se sabe si los relojes llegaron a su destino pero los promotores obtuvieron la licencia. La máquina empezó a funcionar en el casino de San Sebastián, pero el gobernador civil la prohibió en tres horas, lo mismo pasó en un hotel en Mallorca.
Strauss escribió a Alejandro Lerroux lamentándose sobre lo sucedido y poniendo en su conocimiento la implicación de su hijo adoptivo solicitándole una indemnización. Lerroux ignoró la carta.
Strauss fue con el cuento a Manuel Azaña el mayor enemigo de Lerroux.
El asunto se debatió en las Cortes con intervención del Fiscal General del Estado y cautivó a la prensa. El escándalo acabó con el Partido Radical pues no sólo salpicó a Lerroux sino a toda su plana mayor y dejó muy desprestigiada a la República.

Asesinato de Calvo Sotelo

Calvo Sotelo fue asesinado el 13 de julio de 1936- recordar que aquellos que hoy se quieren hacer pasar por demócratas, todo el Frente Popular, en realidad no mantenían en los años 30 un comportamiento muy diferente al que hoy mantiene Batasuna-ETA. Su idea de la política, al igual que los etarras, pasaba por la premisa de que eliminar a tiros a quienes se oponían a sus dictados e impedían u obstaculizaban su triunfo estaba justificado.
En la madrugada del 13 de julio de 1936 un grupo de guardias de Asalto y militantes socialistas, dirigido por el capitán de la Guardia Civil Fernando Condes, que se encargaba de la instrucción militar de la “motorizada”, guardia pretoriana del dirigente del PSOE Indalecio Prieto, le detuvo en su domicilio y le introdujo en el interior de una camioneta de la guardia de Asalto donde Luis Cuenca, militante de las Juventudes Socialistas y también guardaespaldas de Indalecio Prieto le asesinó a sangre fría disparándole dos tiros en la nuca. Inmediatamente después del asesinato el capitán Condes, que fue reconocido por la viuda de Calvo Sotelo, estuvo oculto por una noche en casa de la diputada Margarita Nelken.
Previamente Calvo Sotelo había sido amenazado de muerte en sede parlamentaria por Dolores Ibárruri La Pasionaria (16 de junio), e indudablemente por Ángel Galarza (1 de julio). Posteriormente los dos líderes del PSOE se pronunciaban sin lugar a dudas sobre el significado del crimen. Indalecio Prieto escribía el día 14 de julio en “El Liberal”: “La trágica muerte del Sr. Calvo Sotelo servirá para provocar el alzamiento… Será una batalla a muerte, porque cada uno de los bandos sabe que el adversario, si triunfa, no le dará cuartel”. Largo Caballero iba más allá y el 16 de julio de 1936, en el diario socialista Claridad aprobaba los métodos terroristas y violentos, cualquier cosa menos la democracia: “La lógica histórica aconseja soluciones más drásticas. Si el estado de alarma no puede someter a las derechas, venga, cuanto antes, la dictadura del Frente Popular. Dictadura por dictadura, la de izquierdas. ¿No quiere el Gobierno? Pues sustitúyale por un Gobierno dictatorial de izquierdas… ¿No quiere la paz civil? Pues sea la guerra civil a fondo. Todo menos el retorno de las derechas.”
Calvo Sotelo, junto a Gil Robles y José Antonio Primo de Rivera eran los líderes más importantes y populares de la oposición al Frente Popular. Dos de ellos, Calvo Sotelo y José Antonio, cayeron asesinados sin haber tenido participación alguna en el Alzamiento Nacional. Pero es que si repasamos la lista de víctimas de la guerra civil podremos encontrar a toda la cúpula dirigente de Falange junto a muchos significados líderes de la derecha española, mientras que del lado contrario, a excepción de Companys, no encontramos baja alguna. Dato muy significativo a la hora de comprender la realidad, profundidad y alcance de la represión desatada en ambos bandos.
Lo truculento del revisionismo, que desde el más puro revanchismo ha gestado la Ley de memoria histórica, es que ha llegado al extremo de perseguir la memoria de personajes que como Calvo Sotelo o José Antonio Primo de Rivera, que no sólo nada tuvieron que ver con el régimen franquista o la guerra civil, sino que cayeron víctimas de la violencia política. Cuando se pretende eliminar su presencia en el callejero de nuestras ciudades, lo que se está haciendo es cometer una autentica barbaridad. Ni más ni menos como si dentro de 70 años las calles y monumentos dedicados a Miguel Ángel Blanco fueran eliminados porque había pertenecido al PP.

Las Huerdes, tierra sin pan